viernes, 18 de julio de 2014

Ciudades voladoras

Giraban tantos ventiladores en la angustiosa y calurosa noche de verano, tantos centenares, miles de ventiladores en dormitorios, salones y pasillos, que poco a poco la ciudad comenzó a despegar y elevarse sobre el somontano mientras sus moradores dormían.

jueves, 10 de julio de 2014

Vida de un poeta

Entre los encierros de San Fermín y los partidos de fútbol del mundial de Brasil no doy abasto.

sábado, 5 de julio de 2014

Bajo las nubes

Me parece correcto tener canas, añadir a mi antigua miopía juvenil la actual vista cansada, contemplar por la mañana en el espejo un adelanto de mi futuro inmediato.

Me parece correcto estar gordo por comer y beber demasiado, por no hacer ejercicio físico, por dejarme llevar lánguidamente por la corriente bajo las nubes sin mover un músculo.

Me parece correcto hacer lo que quiero, como quiero y cuando puedo: amar, olvidar, ser ejemplar, ser miserable, fuerte como un gigante, débil como un coloso, bueno, cruel e injusto.

Me parece correcto pagar un precio cada día, me parece correcto ignorar tanto y sin embargo seguir adelante con más o menos curiosidad, más o menos fortuna, más o menos esperanza.

miércoles, 2 de julio de 2014

Cantos de sirenas

Julio comienza con una tormenta de verano de mil pares de cojones. Truenos, relámpagos, lluvia furiosa de gotas gruesas y veloces como balas. La nave y sus camarotes, eso sí, ni se mueven. Cualquiera pensaría que en vez de estar navegando alrededor del Cabo de Hornos estuviese yo viajando a bordo de un estático y pequeño apartamento tierra adentro, a centenares de kilómetros del mar. Así de engañosa puede llegar a ser la realidad.

lunes, 30 de junio de 2014

La insoportable levedad

Un pequeño insecto se posa en el trackpad de mi portátil, y al tratar de apartarlo sin aplicar fuerza alguna, sin ánimo de destruirlo, mi gesto lo convierte en un diminuto manchurrón alargado, apenas una salpicadura de vísceras microscópicas que limpio ceremonialmente con un dedo mojado de saliva.

viernes, 27 de junio de 2014

Paraíso

Un prado verde cerca del mar.
Un libro abierto de cualquier manera sobre la hierba.
Duermo.

miércoles, 25 de junio de 2014

La cuestión

Yo me moriré, y después se morirán mis hijos, y también los hijos de mis hijos, mis nietos, si es que los tengo alguna vez, etcétera.

Pero esa no es la cuestión, la cuestión es que esta tarde ha llovido mansamente y por unas horas Túnez se ha convertido en Irlanda, el somontano de Huesca en un verdadero norte y mi desesperación termostática en un recuerdo reciente aunque, ay, premonitorio.

Y ésta, perdóname, tampoco es la cuestión, la cuestión es que la lluvia es inmortal. El sonido que hace, su olor, el modo en el que de pronto nos recuerda que vivimos en un planeta y no en el decorado de un planeta. Confío en que miles de millones de personas puedan disfrutar de la lluvia en el futuro como yo la disfruto ahora, y al pensar así caigo en la cuenta de que mi experiencia no es sino un adelanto de la experiencia de quienes vendrán cuando yo ya no exista, porque la lluvia, el viento y las nubes que nos sobrevuelan a kilómetros de altura nos sobrevivirán a todos, de eso no me cabe la menor duda.

Claro que, en realidad, la verdadera cuestión es la siguiente: llovía y me asomé a la pequeña galería del apartamento. El termómetro había descendido cinco grados como mínimo. En el edificio de la acera de enfrente, dos o tres pisos más arriba que el mío, un hombre tan gordo como yo, también vestido con pantalones cortos y el torso desnudo, disfrutaba de la lluvia. Yo sabía que era búlgaro porque una vez lo atendí en mi trabajo y tengo muy buena memoria para las personas. En un momento dado se cruzaron nuestras miradas pero no hicimos ningún gesto, nada. Llovía y era maravilloso oír el sonido de la lluvia sobre las hojas de los árboles y las carrocerías de los coches aparcados en la calle.